Los pedidos a los productores de la economía popular aumentaron entre el 40 y el 80 por ciento, dependiendo de la organización. El caso de Mercado Territorial, una comercializadora que creció aliada a la Universidad de Quilmes, con una consigna que hoy cobra un valor extra: que la construcción de los precios no dependa de la oferta y la demanda.

Por Laura Vales

El producto más vendido de Mercado Territorial, una comercializadora alternativa nacida en Quilmes que llega a 18 partidos del conurbano y la CABA, es un bolsón de verduras agroecológicas: una bolsa de 7 kilos que va de las quintas al consumidor. Con la cuarentena, los pedidos de estos bolsones crecieron un 50 por ciento. En volumen de comercialización el estirón es notable: pasaron de 30 mil kilos de verduras y frutas a 45 mil en menos de un mes.

En otras organizaciones de la economía popular, las ventas aumentaron entre el 40 y el 80 por ciento, según los casos. Adivinar por qué es bastante fácil. Los precios de las verdulerías tienen poco control. Para poner un caso: el kilo de lechuga vale 35 pesos en el Mercado Central,  con un precio acordado entre quinteros y distribuidores; pero en ningún comercio de proximidad baja de los 90. A mitad de la semana, se llegó a vender incluso a 130, aunque en ningún momento el precio del Mercado Central varió. 

Mercado Territorial es un caso para conocer porque muestra cuánto se puede hacer para construir un buen precio desde otros circuitos de comercialización: está vendiendo a 380 pesos su bolsón de 7 kilos de verduras agroecológicas, es decir alrededor de 54 pesos el kilo. El aumento del precio de este bolsón en estos tiempos difíciles fue de 50 pesos… desde noviembre a hoy. “Algunos costos subieron, todo se hizo más complicado con el coronavirus, pero no hay razones para cobrar más que eso”, aseguran en la organización.

Esta comercializadora popular tiene una práctica: acuerda entre sus integrantes, incluidos los consumidores, el precio final de sus productos y cuánto corresponde a cada tramo de la cadena. Del bolsón de 380 pesos, por caso, al quintero le llegan 251, al fletero 49, a los que fraccionan la mercadería 51, a los nodos que organizan los pedidos y los distribuyen, 31 pesos. Finalmente, hay 9 pesos por cada bolsa destinado a pagar el sueldo de un ingeniero agrónomo que acompaña a los productores a hacer la transición hacia el cultivo sin tóxicos. 

Plantar la semilla

La Universidad de Quilmes creó esta comercializadora popular en 2015. La red está formada por quinteros del sur del Conurbano, técnicos del INTA, estudiantes, encargados de la logística y consumidores, estos últimos organizados en nodos o grupos de consumo. En este momento tienen 95 nodos; en la otra punta hay  tres asociaciones de productores agrícolas del cinturón hortícola sur.

En cierto sentido, Mercado Territorial es un laboratorio donde los alumnos de la UnQui aprenden economía, mercados y finanzas para la economía popular. En la red hacen sus prácticas estudiantes de la tecnicatura de Economía Social, una carrera que, como se ve, está lanzada a formar especialistas con otro molde. 

Laura Niño es integrante de MT y docente. “La comercialización todavía es un problema de la economía social”, apunta. Por esto, un objetivo de la experiencia es encontrar procesos que funcionen para el sector. “Incluso que se puedan replicar después en otros territorios”, dice Niño. En la universidad trabajan incubando este tipo  de proyectos, y una vez que empiezan a andar los acompañan en su crecimiento. “Eso nos permite ver cuáles son los campos  y desatar sus nudos”.

Martín Garo, trabajador social y también docente en la universidad, aporta las nociones iniciales. “Este es un circuito corto de comercialización que acerca a productores y consumidores. Se sostiene porque cada vez hay más personas que quieren una alimentación saludable y, además, que esos productos sean de una economía cooperativa y responsable”. 

¿Por qué aumentaron las ventas? Garo cuenta que, con la pandemia, los nodos decidieron llevar a domicilio las compras de las personas que están en grupos de riesgo. Algunos nodos ampliaron esta medida y los acercan también a cualquier consumidor,  con el pago de un pequeño extra. Otro elemento –que según su criterio tuvo mucho impacto– es que el Estado hizo un listado de comercializadoras alternativas  en el conurbano sur, oeste y norte. Les dio difusión con avisos gráficos, por las redes sociales. “Nos empezó a llamar gente que ni siquiera sabe qué es la economía social. Nunca hasta ahora se habían interesado en comprar de otra manera”, apunta Garo.

El Estado hizo un relevamiento de comercializadoras de la  economia social

Para fijar el precio del bolsón, los productores de Mercado Territorial se juntan cada tres meses en una asamblea abierta a los consumidores. Obviamente, no van todos los que compran, pero siempre hay interesados. Allí analizan qué costos subieron y se charla sobre las necesidades de cada parte.

“Aprendimos que crear vínculos es central para que la comercializadora crezca”, dice Niño. “La confianza es para nosotros una herramienta fuerte. La conseguimos cuando  todos comprueban que no hay cambios de precio por la oferta y la demanda, sino por los costos de producción o traslado.”

La composición del bolsón depende de la cosecha. Se manejan con un listado de 20 productos posibles, de los que cada semana los productores deciden qué se va a embolsar. De alguna manera, los consumidores hacen una compra a ciegas. “Por la pandemia no estamos haciendo asambleas, pero sí comunicación por las redes”, dice Caro. “Los grupos de WhatsApp nos sirven muchísimo para enterarnos rápidamente de todo lo que los productores quieran comunicar y viceversa. Por ejemplo, en la semana, apenas los quinteros definen el contenido del bolsón, hacemos el videíto. Eso ayuda al consumidor. O vamos resolviendo dificultades de las restricciones en el comercio, como dónde comprar semillas, o cómo embolsar mejor”.

El crear vínculos, observan en la universidad, hizo que los productores asumieran con mayor compromiso el cambio a la producción agroecológica, al conocer a quién van los alimentos. También les permitió resolver situaciones difíciles durante los años de  gobierno de Cambiemos. Cuando el macrismo achicó los programas de apoyo a la agricultura familiar, de los que dependían los técnicos del INTA, consumidores y productores decidieron hacerse cargo de pagarles un equivalente a sus sueldos para  cuidar la calidad de los productos.

A un clic

Rodolfo Pastore es economista especializado en agroalimentación y decano del Departamento de Economía y Administración de la UnQui. “Como en otras universidades del conurbano, dos tercios de nuestros estudiantes son primera generación de universitarios en sus familias”, cuenta. “Muchos son incluso actores de la economía popular, un tema que es parte de nuestras vidas y que entre nuestros alumnos genera un alto interés. En este momento, tenemos 500 estudiantes en carreras relacionadas con la economía popular”.

“En la universidad tenemos una propuesta que bautizamos como académica-territorial. No hacemos investigación de escritorio, sino investigación con acciones en el territorio, porque creemos que no se trata sólo de tener una idea sino de aprender cómo llevarla adelante”.

Como parte de este trabajo, la UnQui desarrolló un software libre destinado al comercio electrónico en la economía popular. Se trata de una plataforma  para organizar la distribución de los pedidos, más una aplicación para hacerlos desde el celular. También están experimentando con el uso de una moneda virtual.

“Hay mucho para hacer. Necesitamos articular tecnologías, logística, estrategias comerciales y también financiamiento para poder pagarles a los productores en fecha y  así poder ampliar la capacidad del circuito. Si pensamos en compras del Estado, por ejemplo, sin desarrollar una financiación son imposibles, porque el estado paga con 60 a 90 días de retraso”, marca el decano. Para Pastore, el principal desafío de la economia popular hoy es “cómo coordinar todo eso, porque la producción popular y cooperativa ya existe. De hecho en muchas áreas es mayoritaria”.

Mercado Territorial comercializa 60 variedades de alimentos cooperativos además de las verduras agroecológicas. En la organización señalan que todos los alimentos con los que trabajan vienen aumentando sus ventas, traccionados por el bolsón.